Dubrovnik: Así es Desembarco del Rey

Dubrovnik: Así es Desembarco del Rey

Imaginemos una ciudad milenaria tallada en piedra y acariciada por las olas de un mar azul intenso y calmado. Si le añadimos un poco de cultura y gastronomía, mucho sol y hasta animación nocturna, podría parecer que ese lugar ya no necesita nada más para ser uno de esos escasos destinos top en el mundo que parecen tenerlo todo.

Sin embargo, a Dubrovnik le faltaba algo. Porque muchas otras ciudades se asocian rápidamente a películas, series o novelas, pero la Perla del Adriático seguía siendo en cierto modo uno de los secretos mejor guardados de Europa. Y entonces, llegó Juego de Tronos. Desde que es el escenario de las intrigas palaciegas de los siete reinos, oleadas de nuevos turistas llegan para descubrir que, más allá de las rutas basadas en las localizaciones de la serie, se trata de un destino espectacular al que se puede volver una y otra vez.

En mi caso, al ponerme a recordar las impresiones de un viaje del que ya han pasado 7 años, no puedo evitar que se mezclen en mi cabeza esos recuerdos con las imágenes de la serie, más frescas en mi memoria, y envidio al turista que pisa la ciudad por primera vez: buscando el estandarte de la casa Lannister en los balcones de un palacio o los restos de naufragios en la orilla tras la batalla de Aguasnegras

Nos queda entonces una ciudad que lo tiene casi todo: ocio y cultura, playas y museos, y que por encima de todas las cosas es extremadamente bella, con una historia que comienza en el siglo VII. Desde entonces, la antigua Ragusa ha sido República y ciudad libre, pero también fue conquistada por los venecianos, aliada del Imperio Otomano y otras muchas cosas que no desmerecerían en la ficción de George R. R. Martin. Y ni siquiera las guerras han podido con ella.

Croacia es uno de los destinos de cultura y playa más brutales de Europa, pero continúa siendo un gran desconocido (salvo para los italianos). Dubrovnik tiene apenas 40.000 habitantes, de los que solo 2.000 viven intramuros para dar servicio a casi un millón de turistas al año. Los grandes cruceros mediterráneos llevan décadas atracando en su puerto, junto a centenares de yates. En verano está abarrotado, pero aún así no llega a ser agobiante, quizá por esos muros de piedra que sirven de refugio frente al calor, que tanto aprieta en esas fechas. Y además, sigue teniendo unos precios contenidos: más caro que otros puntos de Croacia, pero a años luz de otros destinos mucho menos glamourosos. 

 

Las murallas. La ciudad antigua de Ragusa (el recinto amurallado) es una de las mejor conservadas del mundo, con casi 2 kilómetros de longitud y un espesor de entre 4 y 6 metros, defendidas con cinco fortalezas y 16 torres y bastiones. Hay que dedicar unas horas para recorrerlas con calma y disfrutar de algunas de las mejores vistas a la ciudad (la entrada cuesta 100 kunas, unos 13€).  Además, son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1979.  La mayor parte proviene de los siglos XIV a XVI, y son tan sólidas como para haber resistido terremotos tan devastadores como el que hubo en 1667, o decenas de asedios, el último de ellos durante la guerra de Yugoslavia en los años 90, de la que todavía se encuentran rastros en tejados y muros. 

Las puertas. Se accede a la ciudad a través de puentes levadizos, con la puerta Ploče al este y Pile al oeste. Entre ellas la calle principal de la ciudad: el Stradun o Placa, es el principal espacio abierto común de Dubrovnik y divide el centro histórico entre norte y sur. Una vez dentro, lo mejor es dejarse llevar e ir descubriendo los elementos góticos y renacentistas de su arquitectura, subir y bajar por las escaleras de piedra para encontrar un pequeño café o un negocio peculiar, y sobre todo disfrutar con el desfile de iglesias, palacios, plazas, escalinatas, museos, callejuelas torres, relojes, fuentes, y mucha, mucha vida. Hay que pasar por las iglesias de San Blas, Santo Domingo y la Catedral de la Asunción, por el muelle Porporella y el Puerto Viejo, por la Torre del reloj y el palacio Sponza que acoge el Archivo de Dubrovnik. Y llegar hasta el Lazareto, antiguo hospital junto al puerto donde se realizaba la cuarentena para evitar la peste y otras enfermedades infecciosas.

La Fortaleza Roja. La Fortaleza Lovrijenac, situada estratégicamente sobre un acantilado, siempre fue uno de los puntos más destacados de la ciudad. Antes se la llamaba el Gibraltar de Dubrovnik, pero desde que apareció en Juego de Tronos se ha convertido en la Fortaleza Roja. Ni sus muros de hasta 12 metros de ancho, ni su origen en el siglo XI ni el ser el sede de un festival de teatro: Ha quedado marcada por la televisión. 

El lema real inscrito en el acceso a la fortaleza es "NON BENE PRO TOTO LIBERTAS VENDITUR AURO" (La libertad no se vende ni por todo el oro del mundo). Desde luego, muy diferente al de los Lannister.

 

¿Un baño? El mejor chapuzón dentro de la ciudad está en un bar: El Buža Bar de la foto está localizado en un pequeño acantilado bajo, frente a la isla de Lokrum. Es ideal para tomar algo, y el únuco problema será encontrar la pequeña puerta que da acceso a través de las murallas. Cuando el calor aprieta, puedes bajar por unas escaleras y bañarte en el Adriático. No digo más: una maravilla.

Las mejores vistas. Dentro del recinto amurallado, las mejores se obtienen en el paseo por las murallas. Para ver la ciudad desde fuera, nada mejor que pasar un día en la playa de Banje o subir en teleférico hasta la Fortaleza Imperial de la colina Srđ, que alberga además el Museo de la Guerra de la Independencia.

Gastronomía. Con base mediterránea, se aprecia la influencia italiana, por ejemplo, en los exquisitos rissotos. La cocina es muy variada, y destacan por los pescados y mariscos. Atención a los vinos, el pais produce algunos realmente excelentes.

Excursiones. Desde Dubrovnik se pueden alcanzar otras ciudades históricas del país, como Split, o incluso se puede hacer una excursión de días hasta Mostar (eso sí, no olvides el pasaporte para cruzar a Bosnia-Herzegovina). Para una escapada de unas horas es perfecta la isla de Lokrum, una de las miles de islas de la costa dálmata. Es una reserva natural donde dicen que Ricardo Corazón de León se refugió de un naufragio. Es perfecta para una excursión de unas horas. Otra opción puede ser acercarse a las tres islas Elafiti habitadas, Koločep, Lopud y Šipan. O ya más lejanas, las islas de Korcula o Mljet, esta última mencionada en la Odisea. Si se quiere visitar Hvar o Brac, mejor ir allí desde Split.

Cultura. Cada verano se celebran los Juegos de Verano de Dubrovnik, el acontecimiento cultural más relevante de Croacia y uno de los cinco festivales culturales más importantes de Europa, con una potente programación de música clásica, danza y teatro. En junio tiene lugar otro festival, el Midsummer Scene, ni más ni menos que en la Fortaleza Roja. Quiero decir...la fortaleza de Lovrijenac. El 2016 es especial, y realizará un homenaje a Shakespeare por el IV centenario de su muerte.

¿Cuántos días quedarse? Mi consejo es un mínimo de 3 días, para poder ver con calma los principales monumentos y además dejarse llevar por el casco viejo, lleno de rincones que sorprenden. Y, por supuesto, para poder disfrutar de la playa. Y si puedes más días, mejor que mejor. Para el alojamiento, la ciudad está llena de hoteles, posadas y albergues de todo tipo y precio. Si vienes de otra parte de Croacia notarás que son significativamente más caros, pero aun así no alcanzan los niveles de otras ciudades europeas. Además, como en el resto del pais, está la opción de dormir en casas privadas, mucho más económica.

Cómo llegar. La ciudad tiene aeropuerto a unos 20 kms. Si estás haciendo una ruta en coche, a estas alturas ya sabrás cómo se las gastan en las carreteras, así que mucho cuidado: si por ejemplo llegas desde Split, la carretera tiene unas vistas preciosas pero el tráfico se multiplica, las curvas son complicadas y al ir bordeando las playas los coches se incorporan de forma brusca y en ocasiones peligrosa. 



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