Valladolid: Gastronomía y buen vino, imán para sibaritas

No se confundan. Que Valladolid no sea una ciudad monumental no quiere decir que no merezca una visita. Porque la merece, y mucho. Villa agradable y acogedora, es perfecta para un fin de semana de recorridos cortos y disfrute de los sentidos.

Conociendo la ciudad

Atravesada de norte a sur por el Pisuerga, y conectada mediante AVE en menos de una hora con Madrid, concentra los principales lugares de interés en la zona centro, englobados en tres áreas que pueden ser recorridas a pie: el entorno de la Plaza Mayor, la Catedral y suscalles aledañas, y la plaza de san Pablo.

Plaza Mayor

Edificada en el s. XVI, se puede considerar “madre” de las de Salamanca y Madrid. Presidida por la estatua del Conde Ansúrez, es el punto de encuentro a cuyo alrededor giran lo mejor de la oferta gastronómica y de ocio de la ciudad, y el eje a partir del cual debe girar cualquier visita.

Si seguimos la comercial calle de Santiago, alcanzaremos la plaza de Zorrilla, con el edificio de la Academia de Caballería a la derecha, especialmente bello cuando es iluminado al anochecer. Enfrente, se abre la puerta al imprescindible Campo Grande, parque romántico de planta triangular en el que faisanes, pavos reales y ardillas se mezclan con esculturas y paseantes. 

En el entorno de la plaza Mayor y la plaza de Martí y Monsó se suceden las tabernas y restaurantes. Imperdonable marcharse sin probar los pinchos de los Zagales, pero también los del Jero, o las croquetas del Corcho, o las tapas y raciones de la Criolla, El Corcho, la Sepia, el Alarcón, Villa Paramesa, Vinotinto o esa institución que es la Mejillonera. Para darnos un homenaje, la Parrilla de San Lorenzo y su lechazo churro, la Criolla o el Jero o el más moderno Wabi-Sabi. Otro lugar muy recomendable recientemente inaugurado junto a la estación de tren, es Estación Gourmet, un espacio dedicado a la gastronomía al estilo de los mercados de san Miguel o san Antón en Madrid.

En torno a las plazas de Poniente, Martí y Monsó (o, como se conoce también, de Coca) y hasta la plaza de San Miguel, se mueve la noche más pija de la ciudad: Cameo, Goa, Tintín, Guantánamo, Ohm, Versus, …

Catedral

Un pequeño paseo separa la plaza Mayor de la zona de la Catedral, donde además del edificio inconcluso de Juan de Herrera, merecen un vistazo la iglesia de Sta. María de la Antigua, del s. XI, el Pasaje de Gutiérrez, la Universidad, y el renacentista Palacio de Santa Cruz.

Si bien la zona de la plaza Mayor tiene mayor densidad de bares de tapas, ésta no le desmerece con locales como La Cárcava o el Solera. Para sentarse a comer, la inclasificable Peña Taurina en el lateral del teatro Calderón, con el mejor rabo de toro del mundo (por encargo); además muy económico. También económicas las pizzas de La Romana, frente a la Catedral. Para presupuestos más holgados, Trigo y Gabino.

Esta zona se caracteriza por bares con personalidad: Berlín, Largo Adiós (o, como todos lo llamaba, el Cafetín), La Española cuando besa, el Farolito, La Passion, el Minuto, o el Penicilino. Ya en la plaza de Cantarranillas, están el Beluga y el Matilda, y en el Pasaje Gutiérrez, memorables los gin-tónic de La Tertulia. Un poco más alejado, junto a la Plaza de España, El Colmao de san Andrés, con la decoración más especial de la ciudad.

San Pablo

A solo unos minutos caminando de la Catedral, la iglesia de san Pablo preside la plaza, y sirve de faro a los palacios adyacentes. Detrás, la maravillosa fachada del Colegio de san Gregorio, sede del Museo Nacional de Escultura. 

Siguiendo la calle de san Quirce, podremos continuar nuestra ruta con un paseo por la ribera del Pisuerga, donde se suceden los jardines de la Rosaleda y las Moreras, y terminar tomando algo en “La leyenda del Pisuerga”, un barco-pub desde el cual observar la playa (sí, Valladolid la tiene).

Excursiones desde la ciudad

Si se dispone de tiempo, recomendamos vivamente una escapada al corazón de la D.O. Ribera del Duero, donde el enoturismo está creciendo alrededor de la denominada “Milla de oro”, hogar de las bodegas más míticas: Vega Sicilia, Abadía Retuerta, Arzuaga o Protos. Muchas de las bodegas son visitables, incluyendo catas y otras actividades alrededor del mundo del vino.

Y para acompañar a un buen vino, nada mejor que el plato de la zona, el lechazo churro: en su forma más tradicional, al horno, en la zona de Peñafiel (memorable en el Mannix de Campaspero) o junto a Valladolid, en las bodegas de Fuensaldañ. Si lo queremos preparado de una forma diferente, ensartado en pinchos y asado a la brasa, deberemos movernos hasta Traspinedo y su vecino Santibáñez de Valcorba.

Inmejorables vistas de la meseta las que ofrece el castillo de Peñafiel, sede del Museo del Vino. Menos conocido, el castillo de Curiel es un hotel y restaurante desde el cual disfrutar del horizonte de Peñafiel y sus tierras de viñedo.

Qué hacer

Antes de viajar a Valladolid, lo mejor es consultar el calendario ya que la ciudad tiene una agenda cargada de eventos a lo largo del año, que por sí solos merecerían una visita: desde la concentración motera de Pingüinos en enero, sus famosa Semana Santa y Semana de Cine, hasta el más reciente Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle (TAC), o el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas. Muy recomendable la visita en fiestas patronales, a principios de septiembre por su animada Feria de Día.

Para estar al tanto de la agenda cultural, recomendamos los portales de vaxdentro y NEX.

Museos

La visita a uno de los museos de la ciudad es un complemento perfecto para un fin de semana aquí. Existe una amplia oferta: el de Arte Contemporáneo en el Patio Herreriano, el Museo de la Ciencia, o las casas-museo de los antiguos vecinos Colón, Zorrilla y Cervantes son interesantes, pero entre todos destaca el espectacular museo de Escultura. Más allá de su imponente entrada, recoge una de las mejores colecciones de madera policromada del mundo en unas instalaciones recién renovadas y ampliadas.

Mis preferidos, sin embargo, no están en la lista anterior. Son el Museo Oriental de Filipinos y el de Arte Africano ubicado en el Palacio de Santa Cruz. No se los pierdan.

Artes escénicas

Consultar la programación de los teatros de la ciudad, encabezados por el Calderón y el recientemente reformado Zorrilla, ambos en el centro. Más alejados, el Auditorio Miguel Delibes y la Cúpula del Milenio también albergan frecuentemente conciertos y otras actividades. Por último, el Laboratorio de las Artes (LAVA) apuesta por una programación más arriesgada en las renovadas instalaciones del Matadero Municipal.

Como se aprecia en lo anterior, la mayoría de los eventos van de la mano de las instituciones. En Valladolid la sombra de su alcalde es tan alargada que dificulta la aparición de nuevos polos culturales que no estén bajo su influencia. Aún así, sobreviven algunas alternativas que programan conciertos, exposiciones y obras de teatro fuera del circuito municipal. Por nombrar a algun de estos héroes, citaremos a Laika, al Colectivo Rémora o a Cuadrilátero Cultural
Música en el Paseo Gutiérrez

Música en el Paseo Gutiérrez

24 horas en Valladolid

Llegando a la estación de tren a mediodía, atravesar el Campo Grande para llegar a la Plaza Mayor, donde hacer una parada para tomar un café en el modernista Lion d’Or. Continuar después hasta la plaza de san Pablo, para admirar las fachadas de la iglesia y el Colegio de san Gregorio.

Cuando el hambre comience a apretar, volveremos sobre nuestros pasos para apaciguarlo con las tostas del Jero y probar el afamado Tigretostón de Los Zagales. Terminaremos de saciarnos de camino a la Catedral, haciendo una parada en la Cárcava. Después, un digestivo gin-tónic o un espectacular batido de frutas en la Passion, antes de cumplir con la cuota cultural visitando el Museo de Arte Africano del Palacio de Santa Cruz.

Antes de volver caminando a la estación, una última parada para palpar el ambiente de la tarde en el Cafetín, a los pies de la Catedral.

¿Dónde acabar la noche? Algunos nombres: si te gusta la gente guapa, tu lugar está en el Cameo, Tintín o Kerala. Para la noche más canalla, Rosarillo y Asklepios, o el 1900 para ambiente gay.


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