Los budas de Angkor

Foto: Jose Félix Liébana

No es difícil cruzarse con algún monje budista durante el recorrido por el complejo de Angkor. Lo que resulta curioso es observar cómo son capaces de permanecer ajenos al trajín turístico, al caos ordenado de guías y visitantes, a la venta de souvenirs por one dollar. Ante la molestia de grupos barullentos armados de cámaras y tonos de voz elevados, ellos caminan firmes hacia su objetivo, su lugar sagrado. 

En la foto, el primer monje marca el paso decidido, sin parecer reparar en la belleza que lo rodea.  El segundo, el aprendiz, lo sigue y observa todo en silencio, sabedor de que no le será fácil repetir ese camino cada día, en un entorno tan deslumbrante y vivo. A pesar de todo, llegará el día en que se encargue de guiar a otros, y se mueva con la misma seguridad entre decenas de miles de turistas, tan deseados en un país con tantas y urgentes necesidades, pero turistas al fin y al cabo, tan peligrosos para esos siglos de historia, en pelea contra la selva y el progreso.



Bonitas vistas (III): Asia

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